En un martes “normal”…

Hace poco me pasó una cosa bastante bonita, de esas que te emocionan por dentro… Era un martes cualquiera, de esos de invierno, que aquí en Pamplona suelen ser bastante fríos. Y era por la tarde, una de esas tardes donde tenemos bastantes cosas, donde me toca ir de un lado a otro (muchas veces en bici, que se va más rápido…, jeje). Después de salir de mi clase de Reli con los de 6º en el colegio de aquí, fui a”Ikaskide”, un refuerzo  escolar que tenemos en el Casco Viejo de Pamplona y donde ayudamos a hacer las tareas cada tarde a más de 20 chavales.

Llegué allí, saludé a los chavales que fueron llegando, a los monitores también, nos fuimos acomodando todos… Era una tarde que parecía “normal”, cotidiana: de resolver dudas de matemáticas o de lengua, de animar a los chavales a que leyesen algún libro… y también de intentar tratar a todos con cariño, de “reñir” a los que se despistaban…Y después de bastante rato de tareas, decidimos salir al patio interior donde a veces jugamos todos juntos… Lo malo es que, como ya he dicho, hacía frío y ya era de noche (serían cerca de las 19h o así) y algunos chavales salieron sin chaqueta a la calle. Entonces, antes de empezar un juego que había preparado una monitora, un chaval me dijo: “¡Antonio, eres un sol!”. Y me dio un abrazo, intentando que le diese un poco de calor, ya que se estaba literalmente “helando”…Yo, desde luego, que me emocioné por dentro. Escuchar sus palabras, sinceras y dichas con mucho cariño, me hizo mucha ilusión. “Vamos, te acompaño a coger la chaqueta”, le dije…

Más tarde, cuando llegué a casa, comenté lo que había vivido con los de mi escolapios de mi casa (Juan, Jesús, Eloy y Óscar, no sé si los conoceréis…). Y conforme lo iba pensando, más agradecía en mi corazón a Dios lo que había vivido, en mitad de un día que parecía que iba a ser normal… Me recordó todo a dos frases de Jesús. La primera es esa tan conocida de “el que acoge a uno de estos niños en mi nombre, a mí me acoge…” (Mc 9, 37) . Yo la verdad es que me sentí así: que en el abrazo de ese chaval Jesús me hablaba al corazón y que yo, al abrazarle, le devolvía el gesto… Pero sobre todo me acordé de una frase que descubrí hace poco del Evangelio: si queréis a los demás verdaderamente, empieza diciendo, “seréis hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos…” (Mt 5, 45). Así quiero ser yo, pensé. Ser un “sol”, como me había dicho ese chaval, para todos, especialmente para los más pequeños… Llevar a los demás esa “lluvia”, ese agua que te llena de vida, que sólo te la da Jesús… Y sobre todo ser el escolapio que los demás necesiten, sobre todo los chavales, para poder hacer realidad lo que dice la canción: “como un padre, para el que no tuvo padre; como hermano para el que no tuvo hermano; como amigo para aquel que en esta vida no ha conocido el cariño de un amigo”. Menos mal que iba a ser una tarde de martes “normal”…

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